DISCURSO DE DESPEDIDA Y RECONOCIMIENTO DEL CENTRO DE ESTUDIANTES A NUESTRA RECTORA
Hoy 5 de diciembre nos reunimos para despedir y, sobre todo, honrar a una mujer cuya historia quedó escrita para siempre en cada rincón del Colegio San Pedro Nolasco: nuestra rectora, María Soledad Muñoz Rivera.
Hablar de usted, profe Sole, es hablar de más de veinte años de entrega, servicio y profundo amor por la educación mercedaria. Desde su llegada en 2004, primero como educadora diferencial, luego como directora académica y, desde 2019, como la primera rectora en toda la historia del Colegio San Pedro Nolasco de Valparaiso, su trayectoria ha sido un testimonio vivo de vocación, coherencia y humanidad.
Usted no solo ha guiado a nuestro colegio con profesionalismo y altos estándares, sino que también ha sido un pilar emocional y formativo para generaciones completas de estudiantes. Su mirada siempre estuvo puesta en la educación parvularia y básica, esa etapa tan delicada donde se forman los cimientos de quienes seremos mañana. Con usted aprendimos que la educación es un acto de fe, que no solo enseña contenidos, sino que eleva el espíritu, fortalece el carácter y nos recuerda que somos comunidad, que somos familia, que somos Mercedarios.
Gracias por construir un colegio donde el diálogo es prioridad, donde la confianza es norma y donde su oficina siempre fue un refugio abierto para quienes necesitaban ser escuchados. Todos sabemos que, detrás de cada decisión, había dedicación, planificación rigurosa y un profundo sentido de responsabilidad hacia la comunidad educativa.
Hoy, como presidenta del Centro de Estudiantes, quiero agradecerle por otorgarnos el espacio, la confianza y la libertad de representarnos. Si hoy estoy aquí, es porque usted creyó en nosotros. Pero también quiero hablarle no solo desde un rol, sino desde mi corazón de alumna. He sido testigo de su bondad, de su solidaridad, de esa forma tan suya de ver en cada estudiante un ser humano único, valioso y digno de ser acompañado.
Estoy segura de que cada niño, cada adolescente y cada familia que ha pasado por estas puertas guarda en su historia un pedacito de usted. Y aunque hoy iniciamos una despedida, también celebramos todo lo que usted sembró. Porque su legado no termina aquí: vive en nuestras aulas, en nuestros profesores, en nuestras tradiciones y, sobre todo, en cada uno de nosotros.
Querida rectora, esperamos que en esta nueva etapa nos recuerde con el mismo cariño con que nosotros la recordaremos siempre. Gracias por enseñarnos con el ejemplo, por guiarnos con firmeza y ternura, y por mostrarnos que la educación transforma vidas.
Que Dios, San Pedro Nolasco y nuestra madre de la Merced acompañen su camino, así como usted acompañó el nuestro.