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Mensaje de nuestra rectora: Vivir la esperanza en lo cotidiano.

Querida comunidad educativa:

Hemos iniciado el tiempo de Resurrección, un momento profundamente significativo dentro de nuestra vida cristiana. No es solo una celebración que recordamos, sino una invitación concreta a vivir de una manera distinta: con esperanza, con sentido y con una mirada renovada sobre nuestra propia vida.

La Resurrección nos habla de nuevos comienzos. Nos recuerda que siempre es posible levantarse, volver a intentar, reconstruir. Y en el contexto escolar, esto cobra un valor enorme: cada día es una oportunidad para aprender, para mejorar, para crecer no solo en conocimientos, sino también como personas.

Vivir este tiempo en profundidad implica llevar esa esperanza a lo cotidiano:

  • En la familia, significa volver a encontrarnos desde el cariño, la escucha y el respeto. Detenernos —aunque sea en medio de la rutina— para compartir, conversar y sostenernos mutuamente. La Resurrección también ocurre ahí: en los pequeños gestos que reconstruyen vínculos.
  • En los estudios, este tiempo nos invita a comprometernos con mayor sentido. No se trata solo de cumplir, sino de comprender que el esfuerzo tiene propósito, que cada desafío es una oportunidad de desarrollo. Levantarse después de un error, perseverar cuando algo cuesta, creer en las propias capacidades: eso también es vivir la Resurrección.
  • En la amistad, nos llama a cuidar al otro, a ser presencia real y auténtica. A construir relaciones basadas en la confianza, la lealtad y el respeto. A elegir siempre el bien, incluso cuando no es lo más fácil.

Y todo esto se conecta profundamente con el valor que como colegio hemos puesto en el centro durante estos meses: la sencillez. Entendemos este valor como la capacidad de reconocer lo verdaderamente importante. Es actuar sin artificios, con honestidad, con humildad. Es valorar lo cotidiano, lo esencial, lo humano.

Vivir la Resurrección desde la sencillez es entender que no necesitamos grandes gestos para transformar nuestra vida y la de los demás. Basta con ser coherentes, con hacer bien lo pequeño, con mirar al otro con respeto y con construir, día a día, una comunidad más humana y más fraterna.

Que este tiempo de Resurrección nos encuentre disponibles para crecer, para recomenzar y para volver siempre a lo esencial. Y que, en este camino, nos acompañe siempre nuestra Madre de la Merced, guiándonos con su ejemplo de amor, sencillez y entrega.

                                               Denisse Salazar Campos

                                                           Rectora

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