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VACACIONES DE INVIERNO: UN TIEMPO PARA REENCONTRARNOS

Querida comunidad educativa:

Al concluir este primer semestre, quiero invitarlos a detenerse por un momento y valorar la importancia de este tiempo de vacaciones que hoy comienza para nuestros estudiantes, familias y funcionarios.

Vivimos en una época marcada por la velocidad. Corremos de una tarea a otra, respondemos permanentemente a estímulos externos y muchas veces terminamos confundiendo la ocupación constante con una vida plena. Sin embargo, el ser humano no fue creado únicamente para producir, rendir o cumplir metas. También necesita detenerse, contemplar, reflexionar y descansar para recuperar sus fuerzas físicas, emocionales, intelectuales y espirituales.

La propia palabra vacaciones nos ayuda a comprender el sentido profundo de este período. Proviene del latín vacatio, que significa liberación o dispensa de una obligación, y deriva del verbo vacare, que puede traducirse como estar libre, disponible o desocupado. En su origen, las vacaciones no eran concebidas como un simple receso, sino como un tiempo en que las personas quedaban temporalmente liberadas de sus responsabilidades habituales para dedicarse a aquello que les permitiera renovarse y crecer.

Algo similar ocurre con la palabra ocio, que proviene del latín otium. En la antigua Roma, el ocio no era entendido como una pérdida de tiempo, sino como un espacio destinado al cultivo de la persona, la lectura, la reflexión, el diálogo, el arte y el desarrollo de la vida interior. De hecho, las grandes obras filosóficas, científicas y literarias de la humanidad nacieron muchas veces de esos momentos de contemplación y búsqueda personal. Desde esta perspectiva, descansar no significa dejar de crecer; por el contrario, constituye una condición necesaria para el crecimiento humano.

Los pueblos antiguos comprendían algo que hoy parece haberse vuelto urgente recordar: la importancia de encontrarse con uno mismo. Desde las tradiciones clásicas hasta los pueblos originarios de América, el silencio, la observación de la naturaleza y la reflexión eran considerados caminos para alcanzar la sabiduría. Nuestros antepasados entendían que una vida verdaderamente humana requiere momentos para escuchar la propia conciencia, reconocer las emociones, agradecer lo vivido y preguntarse por el sentido de nuestras acciones.

Quizás por eso las vacaciones representan una oportunidad tan valiosa. No solo para desconectarnos de las rutinas escolares y laborales, sino también para reconectarnos con aquello que muchas veces queda relegado por las urgencias cotidianas: la familia, la amistad, la fe, la lectura, la conversación pausada, la contemplación y el autoconocimiento.

Las vacaciones también son una invitación a volver a la naturaleza. Caminar junto al mar, contemplar los cerros de Valparaíso, observar el cielo en una noche despejada o disfrutar del silencio de una mañana de invierno son experiencias sencillas que nos ayudan a recuperar la perspectiva y a recordar que somos parte de algo mucho más grande que nuestras preocupaciones diarias.

Como comunidad mercedaria, creemos profundamente en la dignidad de cada persona y en la necesidad de cuidar integralmente su desarrollo. Educar no consiste únicamente en adquirir conocimientos; también implica aprender a vivir, a relacionarnos con los demás, a cultivar el espíritu y a construir una existencia con sentido.

Por ello, deseo que estas vacaciones sean mucho más que una pausa en el calendario escolar. Que sean una oportunidad para descansar, para fortalecer los vínculos familiares, para disfrutar de los seres queridos, reencontrarse consigo mismos y abrir espacios a la lectura, al arte, a la reflexión y a la contemplación.

Disfruten unas vacaciones llenas de paz, encuentro, aprendizaje y renovación interior.

Con afecto,

Denisse Salazar Campos
Rectora
Colegio San Pedro Nolasco de Valparaíso

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